Ahí va una nube | 44° FCIU Cartas a mis padres muertos, de Ignacio Agüero

Ignacio Agüero filma el patio de su casa. Mientras tanto, dice que llamará a su madre, que comprará pasteles para llevarle, que le dirá a su padre para ir a almorzar al centro. «Pero, ¿cómo?», él dice, «si murieron». A partir de aquí, Cartas a mis padres muertos realiza un recorrido a través de sus películas anteriores, videos filmados por su padre, por él mismo de joven, por la historia de su padre y la dictadura chilena. Si el cine de Agüero se caracteriza por algo, es por escapar de lo cerrado y lo definido, por rehusarse a escribir un guion en base al cual filmar. 

A lo largo de la película, Agüero filma nubes, y cada una de ellas es una persona muerta. Ahí va su madre, su padre, su amigo Pedro Meneses, Salvador Allende. «El cine, en general, está autorizado —no obligado— a contar historias; no es necesario contar una historia para hacer una película; de hecho, el cine no nace de ahí», afirma en una entrevista1. Los videos de su familia, la manera en la que filma y cómo filmaba su padre: se pregunta qué hay entre todas esas cosas. Qué hay entre Pedro Meneses, desaparecido junto a otros campesinos —al que le atribuye la dirección de su primera película, No olvidar—, y un ex dirigente sindical, entre el patio de su casa y los muros de la fábrica donde trabajaba su padre. Agüero se pregunta: ¿a mi padre le hubieran gustado mis películas? ¿O se hubiera quedado dormido viéndolas, como en mi sueño? ¿Qué hubiera pensado mi padre del golpe? Son preguntas al vacío, al mundo, que la película responde y a la vez no. En el cine se puede hablar con un muerto; se puede hablar sin obtener respuesta. En el cine, un muerto puede ser una nube.

Sus películas se hacen mientras las vemos; no se terminan de escribir hasta que terminan de hacerse. Cartas a mis padres muertos es un constante estar haciendo, algo siempre inacabado. Están los trastabilleos de la voz en off, que repite las palabras varias veces hasta que salen de una manera que a él le gusta. «Y se me ha ocurrido pensar, se me ha ocurrido pensar, se me ha ocurrido… pensar, que yo moriré con ella, que moriremos juntos. Un pensamiento que no podía sacármelo de la cabeza, hasta que lo cambié por otro», dice cuando habla de la parra de su patio. Esto resume su manera de hacer cine. Hablando de escribir cartas, Agüero dice: «uno pone un punto y pasa a otro tema sin ningún problema, sin pedirle permiso a nadie, ni tener que seguir ninguna de las reglas del cine, que son la fluidez y el inserto de continuidad de todas esas cosas. Incluso puedes no poner ningún punto y pasar a otro tema»2. Y eso es algo recurrente en esta película: salta de su casa al mar, a su hijo mostrándole una canción; de un travelling de la fábrica donde trabajaba su padre a una escena de un hombre en moto; de una película de un director tibetano que murió a la misma edad que su padre. Relaciona los materiales mediante su forma, mediante su evocación, mediante asociaciones que no siguen una lógica racional, sino más bien una lógica sensible. 

En una entrevista afirma: «Todo lo que podría hacer yo por escrito, o hablándolo, ahí no estoy haciendo cine, no estoy cerca del cine, estoy lejos». El material es el que reclama de qué hablar y por dónde ir; es un organismo viviente que pide estar y que se lo relacione con otras cosas. En la entrevista que le hace al ex dirigente sindical de MADECO —fábrica en la cual también trabajó su padre hasta su muerte—, Marcos Medina cuenta todo lo que sufrió desde el golpe hasta el día de hoy. Hasta que, en un momento, Medina le dice a Agüero que venía a hablar de su padre, no de todo esto. Cuando Medina empieza a decir «Bueno, tu padre…», Agüero corta.

El cine despliega otras formas de pensar que son distintas a las del lenguaje verbal. El suyo es otro lenguaje: el audiovisual. Entonces, pensar en términos de palabras y conceptos cerrados, en términos de decir algo, son cuestiones que le son ajenas. Cuando Agüero dice que «cuando un cuerpo deja de estar, se convierte en imagen», esto significa, en tanto imagen en cine —imagen visual y sonora—, que conlleva una duración, una mirada, un desplazamiento hacia otra cosa. En El otro día —que también incluye en esta película—, Agüero dice: «La gente dice que cuando un gemelo se corta un dedo, al otro también le duele. Pero esos son puros cuentos. Cuando lo torturaron en el Estadio Nacional, yo no sentí nada. Incluso lo vine a saber muchos años después. ¿Qué hubiera dicho mi padre si hubiera sa…» y, repentinamente, corta a un gato que salta el muro de su patio. Luego filma a un pájaro y susurra la pregunta completa: «¿Qué hubiera dicho mi padre si hubiera sabido que los que torturaron a su hijo eran marinos como él?». Es como si él ya no necesitara susurrar la pregunta o interrumpirla con un pájaro bañándose en un charco. 

«La película es un ente vivo, que se va pensando en su propio proceso de ir haciéndose, en vez de ser la filmación de un guión en el cuál ya está todo claro. No, aquí la película es un organismo vivo que está formándose en la medida que se va pensando y haciendo»3, dice. Hacia el final del film, Agüero relata un sueño en el que su tía dialoga con Raúl Ruiz, otro cineasta chileno ya fallecido. En este, Ruiz reflexiona: ¿Las películas buscan un fin? ¿O más bien eligen un momento donde terminar y se escribe la palabra fin en la pantalla? A lo que Agüero responde, mientras suena una música épica, con dibujos infantiles que dicen FIN. Sin embargo, la película no termina. Agüero de lo que está seguro es ese deseo que quiere cumplir: que su padre pueda ver sus películas, al menos de manera imaginaria.

Cartas a mis padres muertos funciona como una auto retrospectiva. No solo por el hecho de incluir sus películas anteriores, sino por su propio material de archivo: su padre filmaba a sus hermanas y Agüero a sus hijos, a la madre de sus hijos. Como si, después de todos esos años, aún no pudiera explicar por qué lo hace. Por qué cada rincón del patio de su casa lo sigue asombrando, por qué le parece interesante filmar a su hija limpiando el ventilador y luego darle la cámara a ella para mostrarse a él haciendo esa misma acción. Como si no se cansara de hacerlo, ni encontrara un significado en su hijo, de niño, tirando piedras de una cerca hacia el suelo; en su familia cocinando; en su hija mirando las montañas desde la ventana.

Cartas a mis padres muertos (2025)

  1. Hernández, P. Ignacio Agüero, director de “Cartas a mis padres muertos”: «El cine está autorizado, no obligado a contar historias». Bitácora de cine (2025) ↩︎
  2. Ibid. ↩︎
  3. Araneda, F. “Ignacio Agüero: el tema de los desaparecidos «tiene total pertinencia, aunque nadie lo habla en ninguna campaña presidencial» Diario Uchile (2025) ↩︎