Balance del 44° Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay

En este presente, donde los festivales de cine son objeto de alabanzas infundadas o detracciones desmedidas —el blanco y negro que tanto nos atormenta en estos tiempos—, un festival como el que organiza la Cinemateca Uruguaya significa, para Uruguay, no solo abrir ventanas hacia el mundo, sino también, paradójicamente, un muro para proteger nuestras propias catacumbas. Es un festival, por insistencia, uruguayo: no hay controversias, no hay contratiempos políticos, no hay discusiones que no mueran así como nacieron. Todo es fiesta y jolgorio. Dos semanas (una de ellas vacacional) donde la comunidad cinéfila se reúne, principalmente, en las salas de Bartolomé Mitre y Reconquista, para dar un vistazo a las novedades más novedosas del cine a nivel global. Más de 200 películas de 65 países, como dice el eslogan. Sin lugar a dudas es un trabajo loable, sobre todo para un país cuyo sistema de distribución y exhibición se limita en demasía a la comodidad del conocimiento, a lo que se sabe que va a ser rendidor en términos económicos —a pesar del riesgo que corren algunos pocos al disponerse a la tradición de jugársela, como Gabriel Massa o la propia Cinemateca; labor que nunca está de más destacar—. Así se proyectan películas que, de otro modo, nunca serían vistas por un público cada vez más adaptado a lo poco que pasa en el país (en materia cinematográfica) y cada vez más reluctante a lo mucho que pasa afuera.

Así, una revista de crítica de cine se inserta, a nuestro contento e inquietud, como una pequeña caballería de un pueblo de ilustrados y valientes que intenta enfrentarse ante su enemigo más temido: el fondo de nuestra alma, donde reside, en palabras de Carlos Maggi, un haragán heredado que se sentó a tomar mate. Porque esta segunda cobertura del FCIU de Estado de Vigilia estuvo atravesada por una casi controversia, un casi contratiempo político, una casi discusión que murió así como nació —o, advertimos, se puso en stand-by—: dos críticas sobre películas uruguayas, Un cabo suelto y Un futuro brillante (ambas, al momento de publicarse este balance, en cartelera). Todo mediado por un casi, porque esa suerte de diálogo se mantuvo en los marcos abstractos y residuales de las redes sociales y los secretos a voces. Espacios donde es más que sabido que la profundización no prolifera y donde los debates difícilmente pueden sostenerse en el tiempo y revisitarse cada vez que sea necesario. Afortunadamente, los títulos de ambas películas dejan entrever un horizonte posible: algo por resolver y algo por añorar. Por lo pronto, en una medida apresurada, aunque (confiamos) eficaz, habilitamos una sección de comentarios en las publicaciones de nuestra web, con el fin de mantener conversaciones que puedan ser fructíferas para el ecosistema cinematográfico y que queden resguardadas para su prolongación en el tiempo en sitios menos volátiles. Mientras tanto, seguimos imaginando otros nuevos espacios de discusión donde el sentir público no sea de destrucción, sino de colaboración con el arado de un terreno fértil para el florecimiento de nuevos mundos. 

Más allá de esta nube —no en un cielo tormentoso, sino en uno que brevemente oculta el sol—, nuestras peripecias por el FCIU fueron un poco más voraces: quince textos, doce colaboradores, incontables conversaciones en las afueras de las salas y una infinidad de películas visionadas. Ademanes que nos efervescen y nos interpelan. Por eso —como en otras ocasiones, esperando a que sea el síntoma de una nueva tradición institucional—, presentamos el balance del 44° Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay, donde algunos de los miembros de la revista compartimos nuestras películas preferidas de esta edición junto con reflexiones aledañas. De esta forma, contenemos en un mismo espacio nuestras emociones, aplausos, detracciones, problematizaciones, carcajadas y llantos, con el augurio de poder seguir compartiendo todas ellas con el convencimiento de que la crítica y el cine son los medios indicados para hacernos un poco mejores. Aprovechamos este espacio para destacar las películas con más menciones, que no solo representan una vidriera de nuestros caprichos, sino también un cine a defender, valorizar y reivindicar: La noche está marchándose ya, de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini (6 menciones); Hoja seca, de Alexandre Koberidze (5 menciones más el premio de ser reincidente en un balance de Estado de Vigilia); El príncipe de Nanawa, de Clarisa Navas (5 menciones); Pin de fartie, de Alejo Moguillansky (5 menciones); Historias del buen valle, de José Luis Guerin (5 menciones).


Milagros Blanque

1- Hoja seca (Alexander Koberidze)

2- Anoche conquisté Tebas (Gabriel Azorín)

3- The Loneliest Man in Town (Tizza Covi y Rainer Frimmel)

4- El príncipe de Nanawa (Clarisa Navas)

5- Pin de fartie (Alejo Moguillansky)

Pietro Calace

Mi experiencia festivalera de este año estuvo muy coartada a un tetris que me permitiera hacer cuajar trabajo, estudio y películas. Por tal motivo, más que mirar las películas que quise, miré las películas que pude. Lejos de ser una queja —porque aún así pude ver mucho cine, objetivo único de un festival—: la práctica permite explorar los recovecos de una programación avasallante, un catálogo de cine eterno que propicia un breve pantallazo de propuestas de varios rincones del globo. 

Por supuesto que esta política de programación trae consigo sus contrariedades, siendo la más fastidiosa de todas tener que enfrentarse a esa supuesta novedad; un cine atiborrado de tecnicismos impuestos, a una convivencia entre, lo que sin más, «está bien» y la absurda ironía de impresionar y molestar al espectador mediante proyectos supervisados por los reguladores expertos en saber contestar qué es el cine1. La vidriera más contingente para ver estas películas es la competencia de nuevos realizadores. Son films cuyas peripecias siempre se circunscriben a una violación, o a un embarazo adolescente, o a la salud mental, o a una enclenque estructura familiar, o a la pérdida de un ser querido, o al desasosiego ante un mundo muy muy grande, o a la eterna mirada hacia la infancia y/o adolescencia del realizador. Porque sí, todas, de alguna forma u otra, son alumnas, no más que correctas, de dos escuelas flagelantes: la de la autoficción y la de la explotación festivalera de algunas urgencias sociales (bien a lo Dardenne)2. La más exasperante de todas es, curiosamente, la que se llevó el galardón de la competencia: 17, de Kosara Mitic, que todo el tiempo coquetea entre la vileza inconsciente y el control de laboratorio3. Si este es el cine que se nos viene, no auguro un futuro muy brillante.

Es por eso que mi selección de películas, además de ser mis cinco favoritas de esta edición, también son reivindicatorias de un cine a perseguir. Algunas reivindican al cinematógrafo mientras son imaginativas en cuanto a cómo puede seguir reinventándose sin sacrificar sus ademanes más poderosos, sino edificar otros verdaderamente nuevos: El príncipe de Nanawa, de Clarisa Navas, y la inconmensurable y reincidente en un balance personal Hoja seca, de Alexandre Koberidze. Otras, escarban con más precisión en ciertas tradiciones cinematográficas para abordar este presente sociopolítico desastroso mientras valoran el dispositivo y su gracia: La noche está marchándose ya, de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, y With Hasan in Gaza, de Kamal Aljafari. Por último, uno de los últimos aullidos de un viejo lobo de mar, un refugio que mira hacia el camino recorrido para recordarnos que aún pueden quedar cosas buenas por venir: Cartas a mis padres muertos, de Ignacio Agüero. 

– Hoja seca (Alexandre Koberidze)

– Cartas a mis padres muertos (Ignacio Agüero)

– La noche está marchándose ya (Ezequiel Salinas, Ramiro Sonzini)

– El príncipe de Nanawa (Clarisa Navas)

– With Hasan in Gaza (Kamal Aljafari)

Función preferida: MACDO, de Racornelia

Hoja seca (2025)

Martina Castro

1- El príncipe de Nanawa (Clarisa Navas)

2- Nuestra tierra (Lucrecia Martel)

3- Historias del buen valle (José Luis Guerin)

4- nocturnos de montevideo de mi misma (lucia seles)

Milena Labandeira

– El príncipe de Nanawa (Clarisa Navas)

-Hoja seca (Alexander Koberidze)

Pin de fartie (Alejo Moguillansky)

nocturnos de montevideo de mi misma (lucia seles)

– La noche está marchándose ya (Ezequiel Salinas, Ramiro Sonzini)

Federico Lorenzo

Al estar ausente durante la primera semana del festival temí que, cuando llegara la hora de hacer este ejercicio, no fuera a encontrar suficientes películas que colmaran mi admiración. Fue una sorpresa, entonces, poder componer una lista con los siguientes títulos. Además, cada película presenta distintas formas sobre cómo acercarse al cine: desde las tensiones entre realidad y ficción de Pin de fartie, hasta la capacidad de Con Hasan en Gaza para marcar memoria sobre un lugar. Incluso tuvimos una película como Buena suerte, diviértete, no mueras, que advierte de los peligros del aceleracionismo y la inteligencia artificial sin dejar de proveer un tipo de entretenimiento intrínsecamente cinematográfico y humano, tal como promete el título. Finalmente, y en relación a todas estas sensaciones, no encuentro mejor ejemplo que Nuestra tierra, de Lucrecia Martel. Es de esos acontecimientos, poco frecuentes en festivales, donde, además de quedar anonadados, vemos la capacidad de una obra para ampliar nuestro abanico de lo que puede ser el cine del presente.

1- Nuestra tierra (Lucrecia Martel)

2- Buena suerte, diviértete, no mueras (Gore Verbinski)

3- Pin de fartie (Alejo Moguillansky)

4- Late Shift (Petra Biondina Volpe)

5- With Hasan in Gaza (Kamal Aljafari)

El príncipe de Nanawa (2025)

Iara López

Ir al cine es vivir en una cierta ciudad: salir del hogar, caminar por un barrio, pasar por algunos bares, entrar al edificio, saludar amigos, correr a la sala. Ir a un festival de cine es todo eso, cada día, multiplicado por muchos días; días únicos y felices.

Al leer mi lista de elegidas no puedo más que reafirmar qué tipo de películas necesito ver hoy. Si bien hay una ficción pura (Estrany riu), las otras son de género más bien difuso: Historias del buen valle puede pensarse como un documental que se elabora tomando estrategias de la ficción sin que se afecte en lo más mínimo —por el contrario, favoreciendo— la verdad de la obra. Cartas a mis padres muertos es un hermoso ensayo cinematográfico donde Agüero recuerda a sus padres y les dice aquello que ya no puede. La idea de encontrarlos en las nubes, «ahí va una nube, ahí va mi madre», seguirá conmigo tanto como su película. Tras un año sin ver obra nueva de lucia seles, la esperada the bewilderment of chile me colmó de lo que ella siempre ofrece: personajes adorables, llenos de ocurrencias, y un juego con el cine que renueva la esperanza en ese arte, en las personas, en que el público puede valorar una obra que le hable desde un lugar nuevo. Pin de fartie colmó en exceso mi deseo de una nueva película del Pampero Cine: una pieza lúdica y profunda, una más. 

La última edición del Festival de Cinemateca se me hizo necesaria como ninguna otra; por el clima efusivo, la multitud de gente y la valiosa y destacada programación. También es posible que tenga que ver con que muchas de las funciones a las que asistí contaban con la presencia de los realizadores. Es por demás enriquecedor escuchar a los creadores enseguida de ver su obra, y también oír las inquietudes del público y poder vivir el cine de una forma más intensa y colectiva cuando se enciende la luz. Espero que todos lo hayamos sentido y que no dejemos de valorarlo. 

Y una nota final dedicada a celebrar el pequeño festival de lucia seles que albergó el gran festival. Se exhibieron tres videos suyos y, entre ellos, hubo un estreno mundial dedicado a Montevideo. Que esta artista tan valiosa nos entregue su visión de nuestra ciudad con su estilo único y que muchos podamos gritar por dentro que Montevideo es así, y que le agradecemos tanto por su obra, es inmenso. Esperemos que siga llenando las salas tanto como nuestros corazones. 

1- Historias del buen valle (José Luis Guerin)

2- Cartas a mis padres muertos (Ignacio Agüero)

3- the bewilderment of chile (lucia seles)

4- Estrany riu (Jaume Claret Muxart)

5- Pin de fartie (Alejo Moguillansky)

Nicolás Pedrucci

Mi momento preferido fue saliendo de Cinemateca: había una llovizna mansa y, por Bartolome Mitre, subiendo para Sarandi, me encontré con lucia seles. Ella caminaba sin paraguas, con una botella chiquita y sin abrir de Coca light, y estaba empapada hasta los huesos. Al juzgar por su andar, no parecía saber bien adónde iba. Y yo no sabría bien qué pensar al respecto. Por otro lado, el festival de ronquidos durante Resurrección fue algo bastante digno de oír, sobre todo por una señora de la segunda fila que, cada vez que volvía sobre si, se asustaba un poco, se acomodaba en la butaca y abria bien grandes los ojos, todo para luego volver a dormirse a los pocos minutos. Abandonó la película sobre las dos horas de metraje. Le mando un saludo por haber tenido la valentía que no tuve.

1- Hoja Seca (Alexander Koberidze)

Muchas veces el término obra maestra obtura el análisis. Es como si, jugando esa carta, cualquier cosa a posteriori pudiera resultar superflua. Además, se ha utilizado tan indiscriminadamente que en el año parece no haber más que obras maestras. Este pequeño exordio es una justificación, porque voy a recaer en esta costumbre: Hoja seca es uno de esos raros momentos, que suceden pocas veces cada década, donde muchísimas variantes improbables coinciden juntas y repercuten en una película que expande el cine, que empuja sus límites como lenguaje, y que inspira. Lo que se dice una obra maestra.

2- La noche está marchándose ya (Ezequiel Salinas, Ramiro Sonzini)

El cine como refugio donde retraerse, poetizar la realidad y salir de nuevo con el mundo levemente desplazado, resignificado.

3- Historias del buen valle (José Luis Guerin)

En una época de cine cínico, el bálsamo resulta una pequeña dosis de humanidad. Un cine que cree en la dignidad del ser humano, que tiene esperanza en él. Guerin es uno de los observadores más sofisticados que perseveran en la actualidad.

Félix Pérez

1- Historias del buen valle (José Luis Guerin)

2- Hoja seca (Alexander Koberidze)

3- La noche está marchándose ya (Ezequiel Salinas, Ramiro Sonzini)

4- nocturnos de montevideo de mi misma (lucia seles)

5- Anoche conquisté Tebas (Gabriel Azorín)

Historias del buen valle (2025)

Juan Recuero

También podría haber rememorado, con fundamentos igual de certeros, el viraje hacia el agotamiento de las escenas de Macdo que se renuevan a través de la persistencia; o, desde su constitución político-filosófico, el acabado didáctico más que sardónico de Fiume o Morte!; o El tren fluvial —a la que le otorgamos una mención especial con el jurado de la crítica— por desplazar el realismo y reorganizar la mirada sobre la ciudad desde la sublimación mítica; o cualquiera de aquellas tan relucientes en las listas de mis colegas como Hoja seca, La noche está marchándose ya o El príncipe de Nanawa. Prescindo de estas últimas tres solo porque no las vi en este festival y, de todos modos, ya protagonizaron mi balance del año pretérito. 

Tal como hace dos años, cumplí la labor como uno de los jurados en el festival. Estas circunstancias fueron condicionantes de lo que atravesé en tales fechas: películas de perfil internacional que existen para olvidarse en el círculo de los festivales y filmes donde, más allá de alguna efímera relevancia social, no encontraba justificación para su programación; pero también obras más discretas que captaron mi mirada y acompañaron mis reflexiones en los pasados días que ya parecen distantes. 

Entonces, demuestro admiración hacia el heroísmo cotidiano de Covi y Frimmel; hacia la redefinición de los imaginarios sobre Palestina de Aljafari; o, de la mano del maestro Guerin, hacia las objeciones al progreso desde una cinefilia voraz para centrarse en aquellos a quienes destierra el tardocapitalismo. También hacia el atrevimiento de Mumenthaler, que revalora el Nuevo Cine Argentino de los 60 —con alguna evocación al NCA de los 90— para acercarse lateralmente a la política e implosionar en las calles y los rascacielos porteños recorridos ambulantes; o en la contracción de tiempos y lenguas en una misma unidad espacial, brumosa y ecléctica, que emplaza el film de Azorín. En este panorama, más bien heterogéneo y poco comparable, diviso un entendimiento de la cinefilia como campo de batalla donde poner en cuestión la realidad, la historia y el presente como entidades que estallan en sus propios confines. Una continuidad con ciertas tradiciones del cine y un estallido hermenéutico-erótico desde el formalismo a los propósitos de colmar el horizonte con nuevos sueños. Un horizonte más allá de nuestra tierra.

Es el mismo sentimiento que equipara mi proyección favorita del festival, a la que acudimos con mi colega Pietro: después de salir confundidos y electrificados por Macdo, nos conducimos desde Ciudad Vieja hasta Pocitos para llegar al estreno internacional de Frágil como cristal en el Cultural Alfabeta. Sobre el final de un Q&A ameno y emotivo, el director Marco Valenti destacaba la ausencia de miradas jóvenes en el ecosistema de la realización cinematográfica uruguaya: es nuestro deber civil concretar la manera de que los jóvenes obtengan la oportunidad de proyectar su enunciado fílmico y sustentarlo en el tiempo. 

1- Anoche conquisté Tebas (Gabriel Azorín)

2- Las corrientes (Milagros Mumenthaler)

3- Historias del buen valle (José Luis Guerin)

4- With Hasan in Gaza (Kamal Aljafari)

5- The Loneliest Man in Town (Tizza Covi y Rainer Frimmel)

Anoche conquisté Tebas (2025)

Cleo Rosá

Un viejo cine se vuelve un refugio. La noche es un momento de transformación y magia, donde los pasillos y las salas vuelven a poblarse y el proyector se enciende para una audiencia de personajes excéntricos y marginales. Una ciudad se vuelve el escenario de una clase de historia, llevando a la superficie un pasado que ha sido olvidado. Por último, un pueblo busca significarse a sí mismo en un mundo que afirma que ya no existe. Cine que hurga en rincones olvidados, abandonados a su suerte o enterrados por conveniencia de otros. Cine que desentierra e ilumina. Películas que, ante todo, exigen memoria.

1- La noche está marchándose ya (Ezequiel Salinas, Ramiro Sonzini)

2- Fiume o morte! (Igor Bezinović)

3- Nuestra tierra (Lucrecia Martel)

Diego Vitureira

1- El príncipe de Nanawa (Clarisa Navas)

2- Nuestra tierra (Lucrecia Martel)

3- Pin de Fartie (Alejo Moguillansky)

4- La noche está marchándose ya (Ezequiel Salinas, Ramiro Sonzini)

5- Las corrientes (Milagros Mumenthaler)

Nuestra tierra (2025)

  1. Un enojo a profundizar en un espacio que permita más desarrollo. ↩︎
  2. Otros enojos a profundizar en un espacio que permita más desarrollo. ↩︎
  3. Dato de color: se llama 17 porque la protagonista tiene 17 años, algo que nunca se menciona en el film más allá que en su título. ↩︎


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